Este 5 de agosto se cumplen 50 años de la muerte de la rubia más rubia de todos los tiempos, Marilyn Monroe. La mítica actriz ha sido definida de muchas formas, sexy y alocada, en sus primeros años, sexy e insegura en los últimos y, más recientemente, muchos años después de su muerte, se ha pretendido convertirla en sexy e intelectual. Pero el calificativo que nunca la abandona es el de sexy.Y es que Marilyn consiguió convertirse en la mujer más deseada de todos los tiempos, lo fue en vida y lo siguió siendo tras su muerte. Pero lo que me interesa de ella no es tanto la figura pública en la que se convirtió sino la niña y, sobre todo, la adolescente que fue antes de todo eso.
Abandonada, pasó de una familia de acogida a otra, sufrió abusos sexuales y acabó casándose a los dieciséis años para evitar ir a un orfanato. Los primeros años de la vida de Marilyn, o Norma Jane que es como se llamaba entonces, son de una desolación atroz.
A nadie le puede sorprender que le resultada difícil la vida a una mujer como ella, a pesar de todos sus éxitos. Soportar una carga así debe ser durísimo en cualquier caso, pero cuando es una niña o una adolescente la que lo padece, sin ninguna duda, es aún peor. Por eso no me extraña que buscara ser amada, querida, deseada... es decir, que buscara importar a los demás.
No hay duda de que lo consiguió pero no estoy segura de que eso le sirviera para ser feliz. Su trayectorial vital es una muestra de lo importante que es conseguir que los niños y los adolescentes pasen esas épocas de su vida con los suficientes cuidados.
Foto © George Barris

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